Crónica de un Destino
La librería estaba vacía, como la mayor parte del tiempo. Entré confortado por el olor a libro y caminé hasta el fondo, donde una puerta antigua de madera daba paso a una sala de reuniones. Saludé a Jacobo, el nuevo librero contratado a petición mía, y atravesé la puerta sintiendo una mezcla de nervios y curiosidad que me tenía seco desde que salí de mi casa hacía diez minutos.
—¡Buenos días, Gaspar! —dijo León, desde el extremo más alejado de la puerta. La mesa estaba llena de libros y mapas, y un proyector mostraba la imagen de un barranco en la pared situada a mi izquierda — Tenemos buenas noticias, por fin.
—Buenas noticias en el avance del caso — se adelantó Rosa, sentada en el extremo de la mesa más cercano a la puerta. Su voz sonó sin energía y, al sentarme frente a la imagen proyectada, me fijé en su rostro cansado —Pero para ti…, para ti está muy jodido el asunto.
—Ya me estaba pareciendo raro que no hubiera nada malo.
—¿Te has fijado en la imagen? —preguntó León.
El proyector mostraba un barranco sin agua y sin cultivos a su alrededor, pero no vi nada más interesante que destacar.
—Sí, es el “Barranco del Guiniguada”, ¿no es así?
—Bingo —reveló Rosa
—¿No ves nada raro?
Observé por tercera vez la imagen, y caí en un nuevo detalle.
—¿Hay unos hombres con mosquetes al fondo? —dije sin creerme lo que estaba viendo.
—Uno de ellos eres tú —continuó diciendo León —. Esta imágen es del siglo XVI, concretamente del año 1599, cuando te disponías a defender la ciudad de Las Palmas del ataque holandés de Peter Van der Does. Te llamabas Porfirio Dieppa y eras un joven militar de ascendencia normanda, enlistado en los tercios de su majestad Felipe III.
—¿Cómo tenéis una imagen del siglo XVI? —lo interrumpí sin dar crédito a lo que acababa de oír.
—Es una reconstrucción hecha con IA, basada en diversos libros que hemos encontrado en el archivo histórico provincial —agrandó la imágen en el grupo de hombres que portaban los mosquetes —Y esos militares, defensores de nuestra tierra, han sido reconstruidos gracias a diversas descripciones que hemos hallado sobre su apariencia en otros tantos libros.
—La vida de ese hombre explica por qué no han dejado de sucederte desgracias en tus diversas vidas desde el año 1599 —aclaró Rosa —. Hiciste algo realmente espeluznante, movido por el odio hacia quienes mataron a tu querida mujer.
En mi cabeza se dibujó la imagen de una chica joven y guapa, que me miraba perdidamente enamorada. En uno de mis viajes a vidas pasadas la había visto. Durante los últimos cinco años, me había dedicado a hacer regresiones a diario que luego les describía a León y Rosa. Tantas desgracias en mi vida, como la muerte de mis padres cuando solo tenía doce años, solo podían tener su motivo en otra vida pasada. El mundo no era malo porque sí. Por fin encontrábamos algo que me iba a permitir dejar de estar alerta y, lo que era aún más importante, salvar del dolor todas las vidas que me quedaban por vivir.
—Tienes que tratar de volver al año 1599, Gaspar —añadió León — Deberías ir al barranco y tratar de hacer una regresión al momento en el que matan a tu mujer.
—¿Y luego?
León miró a Rosa preocupado.
—Luego tendrás que contener tu dolor —sentenció.
Al despertar por la mañana, se oyó el repiqueteo de la aldaba. Me incorporé temeroso, y esperé a escuchar una voz que delatara quién aguardaba tras la puerta. Un silencio asfixiante quebró el ambiente, y una gota de sudor me corrió por el rostro.
—Guarde España —dijo la voz esperada en un susurro, adivinando a Catalina al otro lado.
—¿Qué haces aún en la ciudad? —vociferé al verla. Una mezcla de ilusión y enfado se apoderó de mi — Aquí no estás segura. ¿Dónde están tus padres?
Pese a mi hosco saludo, me miró sonriente.
—Había escuchado que habían matado a unos cuantos de los nuestros en el barranco —me tocó la mejilla como si quisiera comprobar que de verdad estuviera vivo, y añadió —No pude evitar venir a tu casa, Porfirio…
Permaneció como si estuviese en trance tocándome la cara. En su mirada se dibujaba una tristeza desoladora.
—¿No te alegras de que esté con vida?
—Pues claro que sí, pero ya nada volverá a ser como antes.
—¿Por qué lo dices? Ganaremos esta batalla, no te quepa duda Catalina. Tus padres y tú podrán volver a casa pron...
En ese instante, un estruendo resquebrajó el silencio de la calle. Desde varias casas más al este, un grupo de holandeses habían disparado un mosquete y, al darme cuenta de tal suceso, me fije en que Catalina había sido alcanzada a la altura del pecho. No daba crédito a lo que acababa de pasar. Miré al grupo de hombres que había disparado, y una rabia incontrolable se apoderó de mí. Grité y lloré al mismo tiempo. Un sufrimiento inhumano me rompió el corazón en dos, y cuando aquellos desgraciados se acercaron, Catalina yacía muerta a mis pies. Alcé la mirada para distinguirlos, y vi a un pelotón de chicos jóvenes. Recordé entonces las palabras de León y Rosa, el dolor de la pérdida de mis padres y el de todas mis vidas pasadas, pero la rabia superó a la razón. La venganza me corrió por las venas, y de esos pobres desgraciados no quedó ni uno en pie.
Abrí los ojos en el barranco del Guiniguada, agitado y descorazonado.
Rosa y León me miraron con curiosidad.
—Mi destino será el dolor. No hay venganza que pueda detenerse por amor…

Hola, Ulises, quizá si la familia Buendía hubiera tenido a la inteligencia artificial cerca su destino hubiera sido otro o, por lo menos, hubieran tenido conocimiento de los hechos que les iban sucediendo generación tras generación. Un relato muy curioso te ha quedado y muy bien utilizado el recurso del destino, la frase final me ha encantado.
ResponderEliminarMuchas gracias por participar en el reto del Tintero.
Un abrazo. :)
Hola Ulises! Un relato muy épico! Como tu protagonista dice, a menudo el odio es más fuerte que el amor, y desencadena en una venganza! El destino es a veces un cruel compañero de viaje! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!
ResponderEliminarMe parece un poco cruel, ya sea el destino o Dios el que admi istra los castigos, que matar en guerra a los enemigos, acarreé tantas generacuones de penurias, mas aun cuando el prota sufre un castigo indirecto ( oos que mueren pronto son los padres).
ResponderEliminarA veces las cosas pasan de una manera porque no pueden pasar de otra.
Abrazooo
Tremendo, Ulises. Un destino trágico condenado para siempre al dolor. Me ha parecido original que sea el protagonista quien cargue una y otra vez el peso de su propia venganza y el recurso de la regresión para explicar el origen de todo también está muy logrado. Muy buena historia.
ResponderEliminarMagnífico relato, Ulises.
ResponderEliminarMuy bien orquestado y narrado con maestría. No siempre podemos hacer de la venganza un plato que se sirva frío.
Cuando el dolor nos calienta las venas y nos desata los nervios, no hay razón que pueda obligarnos a desviarnos de nuestro destino.
Un abrazo y mucha suerte en el concurso.
Hola Ulises, me gustó mucho que metieras el tema de "vidas pasadas" en tu relato como una explicación a los males que aquejan a tu protagonista. El final es muy bueno, cuando se "rinde" a su suerte, pues nada podrá dejar de vengar a su amor. Me gustó tu propuesta. Te deseo mucha suerte en el concurso. Abrazos.
ResponderEliminarHola Ulises, qué giro tan magistral el de este relato, que juega con la memoria ancestral, las vidas pasadas y la fatalidad del dolor heredado para terminar demostrando exactamente lo contrario de lo que el protagonista esperaba, y no se trata de que el pasado explique el presente para liberarnos de él, sino de que el pasado nos habita de tal manera que repetimos sus patrones incluso cuando los conocemos. Abrazos virtuales desde Venezuela.
ResponderEliminarMuy bueno, Ulises. Me gusta que tu personaje acepte ese detino de dolor reconociendo su necesidad de venganza. Sasí se curan las "desgracias sin motivo aparente" Muy bien llevado. Un abrazo
ResponderEliminarEl gran inconveniente de las regresiones, a mi modesto entender, radica precisamente en toparse con aquella existencia pretérita que mayores sinsabores nos acarreó. Bien pudiera una haber nacido en Teherán en los tiempos previos a la gran invasión del rey de los ávaros, o haber venido al mundo cuando la peste negra asolaba las tierras con su guadaña.
ResponderEliminarSi por artes de birlibirloque una regresa a esos ayeres, se halla desprovista de las defensas de antaño, pues acude con el saber de lo que está por venir pero con flaqueza ante los microbios y humores del cuerpo. De tal guisa, acaba una por enmendar para mal las vidas pasadas, con el riesgo cierto de quedar borrada de este presente para siempre jamás, como si nunca hubiese pisado este valle de lágrimas.
Hola Ulises, me ha encantado que incluyas la rueda de vidas pasadas para esclarecer la vida presente de Gaspar. La clave está en la aceptación del destino y eso, a veces, es muy duro porque suele encaminar al protagonista a la venganza. ¡Muy bien llevado el tema! Un saludo de Marlen
ResponderEliminarHola, Ulises. Como dice Merche, si los Buendía hubieran tenido IA en el siglo XVI, igual descubrían antes por qué siempre les salía todo mal. Sea como sea, con IA y todo Gaspar no pudo, o no quiso, cambiar su destino. Una historia muy bien contada. Suerte en el concurso. Un abrazo.
ResponderEliminarHola Ulises. Me gusta que una vez más hayas traído la Historia, con mayúsculas, de tu tierra al reto, en este caso una original trama de regresión al pasado. Un pasado que persigue a Gaspar, o Porfirio en otra vida, determinado su sufrimiento y su futuro. Pocas fuerzas hay más grandes que el amor, y tanto es así que aunque lo intenta, no puede escapar de su destino, aceptando el sufrimiento como el precio a pagar por su venganza. Una trama original donde se entrelazan pasado y presente. Un abrazo.
ResponderEliminarUlises, construye una premisa poderosa: Gaspar ha dedicado años a regresiones para encontrar el origen de todas sus desgracias, y cuando lo localiza —en el asedio holandés de Las Palmas de 1599—, la revelación no lo libera, sino que lo condena. Porque el problema no es que no sepa qué hizo; el problema es que, reviviendo el momento, vuelve a tomar la misma decisión: la venganza en lugar de la contención. La frase final —"Mi destino será el dolor. No hay venganza que pueda detenerse por amor"— es una sentencia devastadora que convierte el relato en una tragedia clásica, manejas con soltura los saltos temporales y logra que la escena del siglo XVI tenga la misma urgencia que el presente. El detalle de la imagen generada por IA es un acierto contemporáneo que ancla la historia en nuestro tiempo sin perder el aliento épico. Y el personaje de Catalina, que aparece solo para morir, cumple su función trágica a la perfección. Un cuento que habla de la memoria, de la culpa y de cómo, a veces, saber el origen del mal no sirve para evitarlo. Muy logrado. Saludos desde Venezuela
ResponderEliminarHola, Ulises. Gran historia que parte de una premisa muy original y en la que nos presentas al destino como un castigo eterno del que no hay manera de escapar. Un relato entretenido y bien escrito.
ResponderEliminarUn abrazo
Hola Ulises, tremendo que el destino sea quien mueve los hilos de Gaspar y este lo acepta pensando en la venganza como respuesta.
ResponderEliminarUna historia muy bien narrada.
Un abrazo
Puri
Hola, Ulises.
ResponderEliminarEn tu magnífico relato el destino domina y controla, ¡y cómo!, la vida de Gaspar/Porfirio pues, como sentencia la frase final, "no hay venganza que pueda detenerse por amor…" por muchas idas y vueltas en el tiempo que diera.
Te felicito por este derroche de imaginación por el que te deseo mucha suerte en el Tintero.
Te envío un fuerte abrazo.
Hola Ulises un aprendizaje duro el del protagonista.Una historia llena de aventuras, amor y dolor Suerte en el concurso. Abrazotes.
ResponderEliminarCierto que hay sucesos trágicos difíciles de superar y menos cuando amas tan perdidamente a alguien. Por ello las guerras son tan crueles.
ResponderEliminarAbrazo.
Hola. no se si la maldición generacional que se ganó tu protagonista fue por haber dado cuenta de todos esos enemigos o por haberse dejado llevar por el odio desmereciendo el regalo de tanto amor... ambas cosas son mala cosa para el karma... ¡excelente relato!, saludos
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