Arrorró mi niño chico
Querido lector/a, estos relatos que se suceden a continuación son la historia de una nana tradicional canaria. Ambos representan lo que supuso para tantas madres e hijos este canto que, detrás de cada una de sus palabras, escondía en ocasiones un desesperado ruego de auxilio. Para muchas mujeres, su razón de ser radicó en la soledad a la que se vieron expuestas en la crianza de sus pequeños y, en función del periodo histórico en el que se encontraran, su canto se lanzaba en busca de alejar de sus torturadas mentes las diversas discriminaciones y vejaciones a la que se veían expuestas. Señorío de Agüimes, 1621 — ¡Arrorró mi niño chico, arrorró mi niño lindo! —cantó Francisca, mientras se agrupaba cada vez más gente en la calle. Entre sus brazos, trataba de adormecer a su bebé que, a causa de los disparos, lloraba asustado. Su hermana María entró en la casa, presa del pánico, moviendo las cuentas del rosario entre sus dedos: —¿¡Cómo ha sucedido?! —No lo sé, no lo sé —repetía F...


