Vida (Canto I)


No me matéis. Os lo suplico. Sé que no osaréis. Pues, ¿cuál seria el sentido de lo vivido? Decidme. ¿Contestaréis? Lo dudo. Sois algo rudo. Eso lo sé yo.  Me hacéis reflexionar sobre mi rumbo, el camino, mi errante vida de moribundo. Lágrimas y sudores, a los que no encuentro explicación. Penas por las que no debí perder motivación. Ahora no quedará nada: ni naranjos ni Alhambra, ni Atlantico ni Canarias, ni vosotros ni yo. Iros lejos cuando apretéis el gatillo. Marcharos y mirad a vuestros hijos. ¿Podréis entonar su adiós? La vida es corta, pero no más corta es la muerte y su sinsabor. En un segundo todo marcha y se torna negro. En un segundo todo pierde su razón. No matéis pues a este pobre hombre, que de errores supo mucho y de aciertos apenas conoció. Miradme bien y gritad “vida”, pues eso quiero yo. Tú también, y hasta nuestro mismo Dios. Eso queremos todos, no digáis que no. 




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