La Península de las Casas Vacías, de David Uclés
La narración es fiel a la cronología de los hechos. Uclés trata temas tan controvertido como el asedio de Toledo o la masacre de Badajoz, en la que miles de cuerpos fueron expuestos en la plaza de toros sin un ápice de compasión. También trata la ofensiva a Madrid y la batalla de Belchite de una manera muy visual, en la que es muy sencillo recrearla uno mismo en su propia cabeza mientras lee. Todo lo muestra de la mano de la familia de Odisto, que es un padre de familia de un pueblo inventado de la provincia de Jaén, en Andalucía, llamado Jándula. Como cualquier familia de la época, ellos también sufren los estragos de la guerra, cada uno bajo diferentes circunstancias, algunas más «reales» y otras sumergidas en un surrealismo inquietante y muy original.
Si te gusta la historia de la Guerra Civil, vas a disfrutar mucho del libro. Además, menciona pueblos de todas las Comunidades Autónomas y, con mucha maestría escribiendo, logra caracterizar muy bien a los personajes. En cuanto a cuestiones políticas, evidentemente, hay pinceladas de la ideología del autor. Es muy difícil hacerlo de otra manera en tantas páginas. Uclés trata la crueldad de los dos bandos, pero resalta la lucha de uno de ellos por el poder, sin importar el número de fallecidos que arrastraran a sus espaldas, y de los otros al encararse con el fascismo y la barbarie. Sin embargo, los republicanos tampoco estuvieron exentos de ellas, y narra la crueldad con la que trataban a la gente adinerada en pueblos y ciudades, así como a los curas. En Jandula, de manera casi tan mágica como con la que suceden ciertos hechos en la historia, nadie se posiciona políticamente hasta que se acerca un grupo de republicanos para custodiar el pueblo. Entonces, muchos deciden hacerlo para conservar la vida. Pues, de entre todos los naturales de este remoto pueblo, eligen a uno que decide ser un déspota, generando el caos en la zona y, especialmente, en la vida de los de Odisto. Quizás, esta historia inventada nos muestra algo que fue de cierta manera cierto: nadie se posiciona hasta que no tiene un buen motivo para hacerlo. Y, en este caso, no lo hicieron hasta que no llegó la muerte con su guadaña.
Lo que más me sorprendió del libro fue su crudeza, y a la vez fue lo que más me espeluznó. En los libros de historia siempre se habla de dos bandos, pero rara vez se hace desde el punto de vista de la gente y de sus inquietudes más profundas. La literatura una vez más nos acerca a esa mirada atenta a todo cuanto acontece, y desde abajo, donde se encuentran pisadas de todo tipo, pero pisadas al fin y al cabo, nos sumergimos en el mundo de las lágrimas y las alegrías. Con la literatura nos aproximamos a las mentes de aquellos que pasan desapercibidos en los grandes libros, y al acabar de leer nos sentimos más conocedores si cabe de la historia.
Me llamó la atención lo similar que son las narraciones entre Uclés y Pérez-Reverte. No por el estilo, que cada cual tiene el suyo, si no por todo el show mediático que llegó a montarse en su día entre el cartaginés y el jienense. Al acabar de leer el Capitán Alatriste y al terminar La Península de las Casas Vacías la sensación es la misma: da igual el período histórico en el que se encuentre España, siempre van a existir conflictos entre nosotros, y la mayor parte de ellos generados por una clase dirigente inepta e indigna del país. España es un país destinado a encontrarse en el diálogo y el afecto, pero corrompida y hundida hasta hacernos enfrentar.

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