Meras Formalidades


La mañana dio comienzo al son de una melodía de trompetas que, causando aires de grandeza en los más patrióticos, retumbaba por todo el paseo.  Una fila de soldados apareció desfilando bajo la atenta mirada de los espectadores que, en sus manos, hacían hondear banderas del partido. Vaya espectáculo, diría, entre lágrimas, el más fanático. Izquierda, derecha, izquierda, derecha… los pasos parecían cobrar fuerza a cada segundo. Mientras tanto, el nuevo jefe de estado saludaba a sus subordinados desde el balcón del palacio presidencial. Meras formalidades. Seguramente, de no ser porque la larga tradición lo obligaba a estar allí presente, se encontraría en su flamante salón, aprovechando las ventajas de su nueva vida ¿Quién no? Aunque, como en todo debate que se abra entorno a una figura tan delicada como la de un presidente, siempre habrá quién niegue, coléricamente, su goce, en una hipotética vida, fundado en el sudor de los demás. No lo criticamos. Volviendo a la realidad en la que nos encontrábamos, en un abrir y cerrar de ojos las tropas desaparecieron, llevándose consigo el estimulante sonido de la marcha. La gente dejó de levantar las banderas por todo lo alto, y tanto el primer ministro, como los espectadores, retomaron sus vidas.

Comentarios

Entradas populares