El Regreso del Sueño.
El suelo estaba encharcado después de que hubiese llovido durante horas. Todos los zapatos y los tacones que los invitados calzaban estaban llenos de suciedad a causa del mal tiempo y, pese a que más de uno se sintiera incómodo, nadie iba a permitir que eso supusiera un problema para que la fiesta continuara. Muchos de los que se encontraban esperando a las puertas de la discoteca su apertura, habían viajado durante horas a través del país. Aquel sitio era de los más famosos del Estado por sus celebraciones de fin de año, y en cuanto se abrió el plazo de reserva, las entradas se agotaron de inmediato.
Julio había decidido ir a la sala de fiesta desde hacia meses, cuando uno de sus amigos propuso la idea. Él era uno de los que había tenido que recorrer cientos de kilómetros para llegar hasta allí. Gran parte de sus ahorros habían ido destinados a aquella noche tan especial y no se arrepentía de ello, aunque acabase mal ya podría decir que había estado dentro de la mejor sala de fiestas estatal. Pero eso no iba a suceder. Aún no había entrado y ya se lo estaba pasando en grande. Hacía unos minutos, habían puesto la música en la discoteca y todos oían desde fuera los graves salir de los altavoces. El gentío no esperó ni un segundo en comenzar a bailar y olvidarse del mal estado del suelo.
Entre risas y pasos de baile, muchos de ellos improvisados a causa de la adrenalina, observó a lo lejos a una chica que le era familiar. Detuvo su mirada en ella unos instantes y, no sin terminar de irse de su cabeza, la apartó de su mente hasta que ya no encontró fuerzas para continuar danzando. Entonces, su rostro risueño, marcado por unas mejillas sonrosadas, le asaltó de nuevo el pensamiento. No lograba recordar de qué la conocía. No podía ser de su juventud, pues su barrio era tan pequeño que se sabía a cada persona que vivía en él. Y, como prácticamente no había salido nunca del que consideraba su hogar, no encontraba el tiempo ni el espacio para ubicarla. Se sentó en la barra, solo y sumido en sus pensamientos, cuando de pronto la chica se sentó a su lado, igual de sonriente y resplandeciente que antes.
—Disculpa —le dijo girándose en la silla hacia él —Tengo la sensación de que tú y yo nos conocemos de algo, aunque no logro recordar de qué.
Julio la miró atónito. Ella también lo había reconocido, pensó sorprendido. ¿De qué le sonaba? ¿Sería algún familiar lejano?, se preguntó deseando que no fuera así. Su abuelo, según le había contado su padre, había tenido tres mujeres antes de su abuela y, por un momento, llegó a maldecir la posibilidad de que fuera alguna nieta de él. Era la única opción aceptable. No podía ser otra.
— Perdona, a lo mejor es que me he confundido de persona... —añadió la chica viendo que no le contestaba
— No no... —logró responder antes de que se fuera —Tú también me resultas conocida.
Ella esperó a que dijera algo más.
— Mi nombre es Julio...
Dándose los dos por vencidos, empezaron a hablar sin parar hasta que la sala de fiestas más famosa de todo el país cerró sus puertas. Finalmente, se decidió a que no era parte de su familia. Ni sus apellidos ni su nombre, Clara, le sonaban. Además de que sus padres, sus abuelos y, que ella supiera, sus bisabuelos, eran sureños, y los suyos no, sus facciones le revelaban una mezcla étnica casi inimaginable para él.
Al salir del recinto, ambos se guarecieron bajo el techo de la entrada. La lluvia volvió a atacar de nuevo. Sin embargo, esta vez no esperaba a nada ni a nadie. Simplemente, estaba teniendo una conversación con una chica hermosa y, quizás por primera vez en su vida, el tiempo no consiguió atormentarlo. El sol surgió en la lejanía y, pese a sus caras cansadas, ambos mantenían la mirada ardiente de quienes se desean y no permiten que el sol y la luna los detenga. Ella hablaba sin parar con la chaqueta de él sobre la espalda y, frente al cansancio, decidieron sentarse en el suelo para continuar charlando, esta vez algo más cerca el uno del otro. Y cuando Clara se callaba, escuchaba con atención lo que Julio le tenía que decir. Y cuando Julio creía que había hablado demasiado, paraba y volvía a prestar atención a lo que Clara le contaba.
Sin embargo, como todas las buenas historias, esta llegó inevitablemente a su final. Vivían en sitios muy alejados el uno del otro, y a ninguno le sería fácil volverse a ver en un tiempo. El trabajo, las responsabilidades familiares, las amistades... los ataban al sitio del que procedían sin piedad. Ambos se despidieron bajo la lluvia con un beso que perduraría en sus recuerdos para siempre y que, pese al frío, les calentó por dentro el alma.
—Sólo tienes que hablarme en sueños —le dijo Julio, pero Clara ya sabía que, como todas las buenas historias, esta tendría una continuación eterna. Pues nunca hay un final si se tiene un motivo...

Un relato simpático y entretenido, con aires románticos, narrado con sencillez y de forma amena, que nos cuenta la historia de un encuentro casual y fugaz que, sin embargo, nunca olvidarán sus jóvenes protagonistas. Con la historia de Julio y Clara se identificarán sin duda muchas otras parejas que vivieron parecidas experiencias. Mucha Suerte en El Tintero. Un abrazo, Ulises.
ResponderEliminarMe parece una buena historia para no olvidar de un encuentro casual. Suerte en el tintero. Un abrazo.
ResponderEliminarBonito relato, Ulises. Dulce y muy romántico. Mucha suerte en el Tintero.
ResponderEliminarA veces los romances de un momento, nos dejan impronta duradera. Continúa viviendo en los sueños. Muy romántica la visión de tu relato.
ResponderEliminarSuerte en el concurso, Ulises.
Un abrazo.
Un relato muy romántico, Ulises. Ojalá sea una historia eterna.
ResponderEliminarUn abrazo
Un relato tierno y muy bien llevado el que nos planteas, Ulises. Como todos los buenos finales abiertos, dejas muchas preguntas en el aire: ¿Realmente se conocían Julio y Clara? Si así era... ¿Llegarían a recordar? ¿Por qué no continuaron lo que prometía una buena historia de amor? ¿Había parejas esperando a un lado y otro de la sala de fiestas?...
ResponderEliminarEn fin, sólo tú sabes las respuestas y de ti depende que las conozcamos o no.
Un abrazo y mucha suerte en ele Tintero.
Buenos días Ramón. Un relato en primera persona. La voz parece de un chico muy joven e inexperto. Es la primera vez que sale de su hogar. Se nota su inocencia.
ResponderEliminarMe ha gustado la parte en que hablan y se escuchan con atención el uno al otro.
No sé si es mi impresión, unos mofletes ardientes de color rojizo no me parecen muy atractivos, ¿quizás sería mejor unas mejillas sonrosadas?
Destaco la parte la parte en que hablan y se escuchan con atención el uno al otro.
El primer enamoramiento es como un hechizo, haces bien, compañero, en comparar lo con un sueño.
Hasta pronto Ramón, un cordial saludo
Buenas, Ulises.
ResponderEliminarUn relato muy bonito, pero que se me ha quedado corto y un poco cojo. No sé, el final no lo he terminado de entender, me parece. Si tan bien han congeniado, ¿por qué no van a quedar otra vez? O igual hay algo que no estoy viendo.
Nos leemos.
Un saludo.
La historia de un encuentro casual con el que empieza una relación y quien sabe como continuará, pues ese final abierto deja opción a muchas posibilidades. la distancia es un obstáculo difícil pero no insalvable hoy en día. Les deseo mucha felicidad a Julio y Clara, y a ti mucha suerte en el Tintero, Ulises. Un saludo.
ResponderEliminarHola Ulises
ResponderEliminarMe pasa un poco como a Irene pero como en el amor no hay nada escrito y has dejado una puerta abierta lo suficiente para que quepe Cupido...
Suerte y sa.udos
Hay ocasiones en la vida en que el amor surge como un sueño y algo de esto también les sucedió a esta joven pareja de enamorados.
ResponderEliminarUna bella historia plena de romanticismo y que como sucede en los sueños permite al lector poner el punto final que más le guste.
Mucha suerte en el concurso, Ulises.
Saludos.
Hola, Ulises, buena historia donde mezclas la fiesta nocturna con romanticismo que parecr ageno a ella, casi de ensueňo. Me gustó la natración y el climax final que le das, después de la primera euforia viene como un gran soplo de aire bien frío. Y el final... Yo creo que tienes razón en que nunca hay un final si se tiene un motivo. Un abrazo y suerte.
ResponderEliminarUn relato de amor que se separa, pero intenso podrían ser sus recuerdos. Saludos desde Venezuela. Suerte en el Tintero de Oro.
ResponderEliminarHola Ulises, Ramón, una historia contada con la premisa de que puede ser ese amor, el que encaja a la primera. Cuántos vivimos ese amor de discoteca, pero lo has recordado. Un abrazo
ResponderEliminarUn encuentro casual y muy romántico entre dos desconocidos que parecieron conocerse.
ResponderEliminarsaludos.
Me ha parecido muy tierna tu historia, me ha encantado que fuera ella quien se le acerca y demás detalles que adornan con simpatía el relato. Hasta estás logrando en mí que comiencen a gustarme los finales abiertos! Ese es un plus ¿eehhh? Desborda romanticismo.
ResponderEliminarTe deseo el mejor de los éxitos en el Tintero!!
Abrazote.
Un encuentro casual que brinda a los protagonistas la posibilidad de conocerse. EL final abierto que dejas para que sea el lector el que ponga es punto final es muy original.
ResponderEliminarSuerte en el concurso
Un abrazo Ulises.
Puri
Saludos Ulises, un relato muy romántico, con un final más romántico aún. Éxitos y bendiciones 👍✌️🙏
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